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La intuición nos ayuda a tomar decisiones                            Volver


LA INTUICIÓN NOS AYUDA A TOMAR DECISIONES

Mucho se ha hablado de la intuición. Incluso muchas personas han hablado y hablan de la intuición femenina, como una característica que está más aumentada en el género femenino. Aún así, aunque la intuición sea un tema muy hablado, son muy pocos los que confían en la intuición a la hora de tomar decisiones. Al fin y al cabo, lo que sí sabemos de la intuición es que nuestro cuerpo nos lanza un mensaje de agrado o desagrado, de aceptación o rechazo hacia algo… pero no tenemos pruebas de por qué nuestro cuerpo nos lanza ese mensaje.

Es característico que notemos alguna señal en el estómago, por ejemplo. Aunque dependiendo de la sensibilidad del cuerpo de cada uno, así notaremos más o menos señales físicas como fuente de intuición. Los cuerpos reactivos a la ansiedad tendrán mayor cantidad de señales físicas avisándoles.

La mayor parte de las veces al mensaje que nos da nuestro cuerpo le quitamos importancia. Ciertamente, muchas veces no sabemos exactamente por qué nos sentimos mal, y por qué algo “nos da mala espina”. Y, en principio, no hay pruebas que avalen esta sensación. Además, muchas veces hemos tenido una primera impresión de alguien y nos hemos equivocado, por ejemplo. Así que no siempre las impresiones y las sensaciones que tenemos nos llevan a elegir un camino adecuado para nosotros. Además, hay personas muy reactivas a sensaciones relacionadas de la ansiedad que, de tanto tener presentes estas sensaciones en sus vidas, no pueden diferenciar si esto es debido a algo que están viviendo, o a algún pensamiento que anda dando vueltas a su cabeza…

Si nos vamos a nuestros antepasados más lejanos, podemos observar la funcionalidad de este sistema de nuestro cuerpo, de la intuición. La intuición en un principio sirvió y mucho para prevenir y avisar de los peligros. Era una época donde si no eras intuitivo, alguien o algún animal, podía dañarte físicamente o incluso matarte. Continuamente se estaba expuesto a una lucha por la supervivencia. Y esa intuición servía para avisar de los peligros.

Actualmente nuestro cuerpo pone en funcionamiento este mismo sistema de alarma cuando creemos que nuestra integridad física puede estar amenazada. Por ejemplo, si vamos por un callejón oscuro, una noche fría de invierno, no hay nadie en la calle, y empezamos a escuchar pasos, es muy fácil que se nos encoja el estómago, que nuestro corazón lata con más rapidez, que los músculos de los brazos y de las piernas se pongan más tensos, que agudicemos nuestros sentidos (la vista, el oído,…),… Todos estos cambios físicos forman parte de una reacción de alarma que posee de forma innata nuestro organismo. Sólo al aumentar el rendimiento de muchos órganos de nuestro cuerpo, sólo al centrarnos más en percibir la situación de fuera,… podremos salir corriendo de una forma más rápida, que si empezamos a decirnos “no ocurre nada, es tu imaginación”.

¿Cuántas veces has escuchado de otros o de ti mismo/a, “son cosas tuyas”, “son imaginaciones tuyas”, “siempre estás igual, exagerando las cosas”, “eres una miedosa, todo está en tu cabeza”,…?

Algunas veces puede ser verdad que nuestro pensamiento vaya más allá de la situación real. A veces es cierto que estamos muy influenciados por la gran cantidad de noticias que escuchamos y vemos en los medios de comunicación. A veces es verdad que en nuestra cabeza aparece toda una película respecto a lo que nos puede ocurrir y finalmente, no ocurre… A veces nuestra cabeza va muchísimo más rápido que los hechos. Y por supuesto, esto crea preocupación, que tampoco es bueno. Pero si ante una situación concreta, agudizamos nuestros sentidos, y somos conscientes de nuestra intuición, nos mantendremos más preparados para la acción. No se trata de “montarnos una película de drama”, pero tampoco se trata de ir felizmente por la vida cuando nosotros intuimos que lo que estamos viviendo es potencialmente peligroso. Al menos vamos a hacer caso a nuestro cuerpo para estar preparados por si acaso tenemos que pasar a la acción.

Esto mismo que estamos hablando respecto a la supervivencia de una persona, lo podemos aplicar a otros muchos ámbitos de la vida diaria de una persona. Pero hoy vamos a centrarnos algo en las RELACIONES DE PAREJA.

A terapia llegan muchas personas, sobre todo mujeres, que nos dicen: “De un día para otro se estropeó todo”, o “No me di cuenta que había problemas en la relación. Pero llegó un momento que él me dejó”, o “Fui la última que me enteré de que la relación no iba bien”,… Y, ¿realmente estas personas no fueron conscientes de que su relación de pareja se estaba deteriorando? Y la respuesta es que quizá no fueron conscientes del todo de este deterioro, pero desde luego, cuando profundizas sobre ello, si intuían en algunos momentos que algo estaba ocurriendo, intuiciones que no quisieron escuchar, intuiciones que se quisieron negar…

Antes de que ocurra una ruptura de pareja, en la mayoría de los casos ha habido unos signos previos por la persona que decide la separación. Esas señales pueden ser más o menos sutiles, pero existen. Un alejamiento de la pareja, aunque verbalmente pueda incluso decir que no ocurre nada. Una temporada en que la pareja llegan muchísimo más tarde de lo habitual, y siempre está buscando excusas para estar fuera de casa. Una falta de comunicación, bien sea por discusiones constantes o por no hablar.

Y junto a estos comportamientos de la pareja empiezan a surgir una serie de sentimientos en la persona que los recibe. Sentimiento de malestar, de incertidumbre por no entender lo que ocurre… Incluso muchas personas empiezan a tener síntomas físicos, somatizaciones que se producen en su cuerpo porque algo va mal (dolores de cabeza más frecuentes, trastornos gastrointestinales, erupciones cutáneas,…). Cuando acuden al médico por estos síntomas, el médico no logra encontrar nada, y lo achaca a causas psicológicos. En muchos casos incluso el médico pregunta: “¿Va todo bien en casa?”. Y la persona puede incluso responder “Si, si, doctor, perfectamente”. Y salir de la consulta con malestar, pero sin poder explicarse exactamente por qué.

Es probable que incluso estas personas tengan momentos donde sus pensamientos hagan caso a esos síntomas físicos, a esa punzada en el estómago… a su intuición. Pero, acto seguido, vienen las justificaciones: “No pasa nada, es que siempre estás fijándote en lo malo”, “Te ha dicho que no pasa nada, si pasara algo te lo diría”, “Lo que le pasa es que está teniendo muchos problemas en el trabajo, y sólo está estresado”, “Está pasando una mala racha”, etc.

Todas estas justificaciones nos permiten “ponernos una venda” y no ver la realidad de lo que estamos viviendo. Nos permiten no reconocernos que quizá nuestra relación de pareja está muy deteriorada. Incluso puede ser que esa relación no tenga arreglo ya. Pero ese taparnos los ojos también nos permite no ponernos manos a la obra para ver si ocurre realmente algo, hablar claramente, e implicarnos en la posible solución de esta situación, si es que existe. Es decir, esta “venda” nos permite decir que fue el otro quien hizo que la relación se deteriorase, echarle la culpa al otro de no comunicarse con nosotras, de no ser claro, etc. Pero a la vez tampoco hemos pasado a la acción para ver si podíamos hacer algo por la relación o, en segundo caso, por nosotras mismas, para no seguir sufriendo.

Muchas personas, sobre todo mujeres, esperan a que el otro sea el que diga qué es lo que ocurre, intuyendo que pasa algo desde hace bastante tiempo. Pero así lo único que hacer es alargar su sufrimiento. ¿Merece la pena no hacer caso a la intuición y no poner claro desde el principio las circunstancias? Decídelo por tí misma.

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