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MIEDOS INFANTILES

A lo largo del desarrollo del niño van apareciendo una amplia gama de miedos, que se consideran comunes y que se dan en un alto porcentaje de niños sin que esto signifique un situación especial, ni excesivamente preocupante.

No obstante, y, aunque sea algo que se puede considerar común en los niños, el manejo que se haga de esos miedos por parte de los padres y de las personas que rodean al niño, sí puede ser importante para que dichos miedos dejen de formar parte de la propia evolución del niño, y por lo tanto sean, muchos de ellos, temporales, y pasen a ser un problema a más largo plazo y que interfiera de una forma importante en la vida del niño.

En este artículo hablaremos de los miedos infantiles más comunes, de si son normales, o no, y de cómo manejarlos de la mejor forma posible por parte de los padres y personas que rodean al propio niño.

Antes de comenzar a hablar de miedos concretos en los niños queremos hablar del miedo en general y su función en el niño y en el ser humano de cualquier edad.
El miedo es una emoción normal en cualquier niño, y tiene, además, una función adaptativa y de prevención de riesgos innecesarios. Es decir, a los pocos meses de nacer un niño suele tener miedo a la separación de los padres y de las personas que conoce; esto permite que exista una prevención de los riesgos que se pudieran dar si el niño no tuviera ningún miedo o recelo para ir con personas desconocidas, o los riesgos que implicaría que el niño se alejara de los padres sin ningún miedo a perderse… En este sentido, el miedo a la separación previene de riesgos.
Igualmente el resto de miedos tienen también una función adaptativa; por ejemplo, el miedo a los animales hace que el niño no se exponga a los riesgos que puede conllevar acercarse demasiado a ciertos animales…, el miedo al daño físico hace que el niño no se exponga a situaciones peligrosas para su salud, por ejemplo, subirse a un sitio alto y poco seguro, etc…

Por lo tanto, podemos decir que los miedos infantiles tienen una función adaptativa y positiva en su origen. Y entendidos desde esa función podemos decir que los miedos son buenos. Sin embargo, cuando estos miedos se convierten en algo que interfiere de forma excesiva en la vida del niño dejan de tener esa función adaptativa para pasar a convertirse en un problema.

Comenzaremos enumerando los miedos más comunes que pueden aparecer en los niños en diferentes edades. Esto no quiere decir que todos los miedos que se enumeran aparezcan en todos los niños, ni que sea siempre a la edad que se indica exactamente, ni en su comienzo, ni en su finalización, sino que es una enumeración de todos los posibles miedos que podrían aparecer y a las edades en las que suelen mostrarse cuando se dan:

De 0 a 2 años: pérdida brusca de la base de sustentación. Ruidos fuertes. Separación. Animales. Oscuridad.
De 3 a 5 años: disminuye el miedo a la pérdida del soporte y a los extraños. Se mantiene el miedo a los ruidos fuertes, a la separación, a los animales, y a la oscuridad. Aumenta el miedo al daño físico, y a las personas disfrazadas.
De 6 a 8 años: disminuye el miedo a los ruidos fuertes y a las personas disfrazadas. Se mantiene el miedo a la separación, a los animales, a la oscuridad y al daño físico. Aumenta el miedo a los seres imaginarios tales como brujas, fantasmas, extraterrestres, etc…, a las tormentas, a la soledad y a la escuela.
De 9 a 12 años: disminuye el miedo a la separación, a la oscuridad, a los seres imaginarios y a la soledad. Se mantiene el miedo a los animales, al daño físico y a las tormentas. Y aumenta el miedo a la escuela en cuanto a los exámenes y la posibilidad de suspensos, al aspecto físico, a las relaciones sociales y a la muerte.
De 13 a 18 años: disminuye el miedo a las tormentas. Se mantiene el miedo a los animales y al daño físico. Y aumenta el miedo a la escuela, al aspecto físico, a las relaciones sociales y a la muerte.


Como ya dijimos anteriormente, estos miedos se consideran comunes en las edades infantiles, adaptativos, y pasajeros. Y para que esto sea así, y no pasen a ser un problema mayor, los padres, y personas que rodean al niño, tienen un papel importante que desempeñar.
Por lo tanto, queremos ofrecer unas pautas generales de actuación hacia estos miedos infantiles para saber qué hacer y que no hacer cuando aparecen conductas de miedo:

Qué no hacer:
No reírse de la reacción de miedo, ni del niño, e intentar que los demás no se rían tampoco.
No comparar al niño excesivamente con otros que no tienen ese mismo miedo.
No criticarle ni castigarle por tener miedo.
No insistir con argumentos y razonamientos en el momento en que se da la reacción de miedo.
No forzar de maneras bruscas a afrontar aquello que le da miedo.
No amenazar al niño con aquello que le provoca miedo.
No protegerle en exceso evitando todo estímulo amenazador de miedo.

Como se ve, la conducta adecuada es aquella que no está ni en el extremo de la sobreprotección del estímulo que provoca miedo, ya que el niño tiene que ir afrontando los miedos, ni la exposición brusca a dicho miedo; y mucho menos ridiculizar, ni reírse por una reacción de miedo, que se considera natural.

Qué hacer:
Actuar con tranquilidad en el momento de la reacción de miedo.
Hablar al niño con tonos bajos, ritmos y movimientos pausados.
Dar apoyo afectivo.
Dejar que se enfrente a los pequeños miedos poco a poco, y que se vaya acostumbrando a ellos, sin que haya sobreprotección, ya que la superación de los miedos es el objetivo.
Ir aproximándole al estímulo provocador de miedo de forma progresiva y siempre en un ambiente de agrado y bienestar para el niño.
Entrenar con juegos los comportamientos correctos de reacción ante un miedo.
Felicitarle por cualquier avance en la superación de sus miedos.
Ofrecer modelos correctos de cómo actuar ante los miedos, es decir, las personas que rodean al niño son modelos de aprendizaje para el afrontamiento de los miedos, de forma que si los padres reaccionan con miedo excesivo, es fácil que el niño aprenda dicha reacción, e igualmente si ve una reacción de miedo controlada, o una reacción de ausencia de miedo.
Enseñarle que no hay que avergonzarse de tener miedo a algo, pero que sí hay que afrontarlo y superarlo.

Siguiendo estas pautas de comportamiento por parte de los adultos que rodean a un niño que presenta una serie de miedos comunes, el niño irá aprendiendo a afrontar sus propios miedos, e irá evolucionando en los mismos.
No obstante, los padres tienen también un papel de observadores de sus hijos, y de evaluadores para detectar si sus hijos presentan algún miedo en una intensidad excesiva, y si estos miedos están condicionando o interfiriendo de forma excesiva en la vida del niño. Ante esta situación lo más adecuado es consultar con un profesional para realizar una evaluación adecuada, y si fuera necesario, aprender a manejar de forma correcta dichos miedos por parte del niño y de sus padres, para prevenir problemas futuros, o solucionar problemas presentes.


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